miércoles, 4 de septiembre de 2013

La privacidad en las redes sociales



El final de la privacidad tal y como la conocíamos no hace muchos años ha supuesto que nos enfrentemos a la información que volcamos en las redes sociales de otra forma. Hacemos comentarios personales, hablamos sin tapujos -incluso decimos en cada momento dónde estamos-, colgamos fotos propias, etc. sin esperar respuesta de un interlocutor definido. Ante un público que no sabemos muy bien quién es, hemos aumentado tanto el círculo de personas a las que hacemos partícipes de nuestras actividades que, a veces, nos perdemos.

Facebook quiere dar un salto en su concepto de red social: pretende desarrollar un proceso en el que se pueda identificar a las personas por su imagen personal. Así, según la empresa de Mark Zuckerberg, prevé eliminar el etiquetado de fotos. Pero, ¿dónde está el límite?
Desde el escándalo de PRISM -en el que conocidas empresas tecnológicas apoyaron al gobierno de EEUU en el espionaje masivo de personas-, recuerdo constantemente  el libro de Julian Assange, “Cypherpunks” . Es posible que Internet sea la maquinaria mejor diseñada para el control de las actividades ciudadanas, lo que conlleva, inexorablemente, a considerar que la confianza que depositamos en las redes sociales puede volverse en nuestra contra.

Aunque creamos que nuestros datos serán guardados bajo principios éticos, nadie nos asegura que Facebook o cualquier empresa no se plegarán ante el gobierno de turno o, aún más lastimoso, venderán los datos a otras empresas. Tanto para vendernos, como para controlarnos, nuestros datos se están convirtiendo en oro para muchas corporaciones.
El sociólogo Ulrich Beck, en un artículo publicado en “El País”, habla de los riesgos para la libertad que están suponiendo estos avances tecnológicos . No es que haya que deshacer el progreso que supone Internet, sino tener en cuenta que todo avance conlleva una serie de riesgos que tenemos que minimizar. Pasa lo mismo con la energía nuclear, el petróleo o los aviones; los riesgos inherentes que son característicos al progreso humano nos obligan siempre a ser cautelosos.

No saber controlar nuestra información y nuestra imagen digital puede llegar a ser un problema importante. Más allá de si en una entrevista de trabajo la empresa nos mira el Facebook o no , tenemos que tener en cuenta que una vez dejamos una información en la red, esa información ya pertenece a ella. Ser dueños de nuestra imagen es fundamental en una sociedad democrática.

Al volvernos transparentes -como dice Beck-, nuestra libertad se reduce aún más, eliminando ese carácter espontáneo que suponía elegir a quién le contamos una cosa y a quién no. Quizás las nuevas generaciones de personas -los conocidos como nativos digitales- se acostumbren a esta nueva forma de comunicación y la privacidad cambie su concepto. Pero, aun así, me seguirá preocupando qué hacen con nuestros datos las distintas empresas, cuál será el nuevo invento de Facebook para identificarnos y cómo utiliza el Estado la tecnología para saber qué hacemos.

Fuente de la imagen: Captura de pantalla de El diario.es

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