viernes, 6 de septiembre de 2013

Nokia, el antiguo orgullo finlandés, ahora en manos de Microsoft



La fuerza de los cambios en la economía hace que cualquier empresa, corporación, moda o lo que se precie, pase a la historia en cuestión de pocos años, incluso meses. El caso de la empresa finlandesa Nokia puede servirnos de ejemplo -usando el término del sociólogo Zygmunt Bauman- de esta modernidad  y vida líquida.

Nokia, a pesar de no estar en su mejor momento, tuvo unas ventas en 2012 por valor de 30.176 millones de euros, lo que equivale al 15,6% del PIB finlandés. Las administraciones públicas del país europeo notaban bastante la fuerza de esta empresa, puesto que, en los años fuertes de la compañía de móviles,  el 1,5% de sus ingresos totales se debía a loque pagaba Nokia del impuesto de sociedades.


Después de cerrar una de sus fábricas y dejar en la calle a 800 personas, Nokia se centraba en mantenerse en la capital, Helsinki. Parece ser que no subirse a la moda de los Smartphones, ha dejado a la compañía fuera de juego. No incorporar Android ni ser Apple, por ahora, ha condenado a Nokia a vivir en una especie de  tierra de nadie, pero también es cierto que la pérdida de valor de la empresa responde a una estrategia un tanto turbia, tal y como explica en su blog Enrique Dans .

La que otrora fuera orgullo finlandés o, si me apuráis, incluso europeo, ahora se ha convertido en un apéndice de la todopoderosa empresa estadounidense Microsoft. La compañía fundada por Bill Gates pagará unos 5.540 millones de euros para hacerse con Nokia  (). Así, tanto la compañía finlandesa como unos 32.000 trabajadores pasan a depender del gigante. Ya pudimos ver no hace tanto tiempo cómo Google se hizo con Motorola Mobile, lo que responde a una estrategia fundamentada en un control cada vez mayor de todos los procesos de la comunicación y la informática: desde Internet hasta el dispositivo móvil, pasando por el software y todo tipo de aplicaciones. La concentración de poder de estas compañías es cada vez mayor, puesto que empiezan a solucionar sus problemas de falta de innovación con la compra sistemática de otras compañías, ya sean las que están en crisis o starups recién estrenadas pero con mucho potencial. La competencia entre las grandes está servida.

Si Nokia perdió la batalla frente a Samsung y no levantaba cabeza desde entonces, debe hacernos reflexionar sobre lo complicado que es mantener una posición de liderazgo en esta economía de la información. Además, cualquier cuestión patriótica o nacional pierde su sentido ante un capital financiero y de inversión que se mueve a nivel global a la velocidad de la luz. ¿Acaso no es Nokia una empresa estratégica para un país desarrollado como Finlandia? ¿Debería el estado finlandés opinar sobre su compra? ¿Seguiría fabricando Microsoft allí si pudiera irse a otro país con menores costes de producción? Estaría bien hacer esta última pregunta a los dirigentes de la empresa, sobre todo cuando a veces prima más producir barato que la innovación o la formación de los trabajadores.


El caso de Nokia nos recuerda que todo lo que sube baja, y que las empresas y el dinero no entienden de países ni de fronteras. Como reflexionaba antes, lo lógico es considerar que el estado finlandés opinara sobre esta adquisición, pero, por otro lado, ¿debe un estado salvar una compañía que está a la deriva fruto de su pérdida de cuota de mercado o competitividad? Pues seguramente no, porque entonces se estarían manteniendo con fondos públicos dinosaurios empresariales. Sin embargo, por el contrario, cuando se deslocaliza una empresa y se dejan miles de personas en la calle, se pregunta a los políticos qué han hecho para no prever eso. Como digo muchas veces, el mundo es cada vez más complejo.

Fuente de la foto: captura de pantalla del diario "El Pais".

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