jueves, 27 de marzo de 2014

Empleo y desempleo desde 2007: el problema de nuestro modelo productivo


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Fuente de la imagen: El Econmista


Esta semana leí un artículo en la prensa que establecía la evolución del paro y el desempleo desde que empezó la crisis, hace ya unos 7 años.
En el tercer trimestre de 2007 se alcanzó la  cifra de 20,5 millones de ocupados. Desde entonces hasta el tercer trimestre de 2013, se han perdido 3,7 millones de puestos de trabajo, equivalentes a un 18% de la población activa. Sin lugar a dudas, se trata de una crisis con una dureza bestial. Se une el desastre financiero al pinchazo de nuestra burbuja en la construcción, que se suma, además y como es evidente, a este tiempo de transición tecnológico que vivimos en el que nuevos empleos surgen con una velocidad inferior a la que se destruyen los viejos.

Más elementos a resaltar en dicho artículo: el aspecto de la formación. “El grupo de trabajadores que no pasaron de la educación primaria vio cómo el empleo se reducía a menos de la mitad en su grupo, mientras que en la categoría de ocupados que habían alcanzado estudios superiores la ocupación aumentó un 2%” entre 2007 y 2013.  El colectivo de personas que no pasaron de la primaria perdió 1,3 millones de puestos de trabajos de los 3,7 millones que hemos comentado se han destruido a lo largo de estos años. ¿Explicación? Pues dejar de estudiar para ganar dinero en la obra era muy goloso. Lo que ocurre es que de eso hace ya unos años, por lo que en estos años  habría dado tiempo de intentar recualificar a través de políticas activas de empleo a muchos de estos desempleados. Pero, claro, ¿dónde podrían trabajar, con un modelo productivo acabado -el de la construcción- y otro nuevo que todavía no se ha creado?

Otro dato relacionado con la formación y el empleo que puede interesar para el análisis. Según podemos leer en un artículo publicado por El Economista,el 54,2% de las personas asalariadas de menos de 30 años, que no cursan estudios, está realizando un trabajo que requiere un nivel inferior de cualificación a la que se tiene”. El problema de la sobrecualificación es muy importante, puesto que arroja un panorama directamente ligado a lo que comentábamos de nuestro tejido empresarial y económico.

Con mucho que debatamos sobre bonificaciones a la Seguridad Social, tarifa plana, estímulos de la demanda agregada, etc., nuestro modelo productivo, basado en la construcción y en actividades temporales de poco valor añadido como el turismo, supone un obstáculo enorme para crear empleo y salir de la recesión. No creo que podamos resolver nuestros problemas sólo construyendo carreteras para dar trabajo a un sector que ha pinchado. Las alternativas tienen que ser más amplias.
La pérdida de tejido industrial por las deslocalizaciones -sólo hay que ver los constantes ERE,-  no facilita dinamizar una economía potente. Pero, además,  el peso crucial que tienen las pymes en nuestra economía hace que cualquier recorte o problema en nuestro mercado interno sea muy destructivo para el empleo, hecho que difícilmente puede mitigarse con las exportaciones. La falta de acceso al crédito tampoco es que ayude mucho, pero eso da para otro debate.



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