lunes, 10 de abril de 2017

¿Qué nos preocupa a los españoles? Paro y corrupción


El paro y la corrupción, como no podía ser de otra manera, son los dos principales problemas que preocupan a los españoles según el CIS. Si nos centramos en el segundo de ellos, podemos leer en la prensa que “la preocupación ciudadana por la corrupción sigue su línea ascendente de los últimos meses y se ha disparado en el último barómetro del CIS, en el que la citan como problema el 44,8% de los encuestados, 7,5 puntos más que en el sondeo anterior.”

No es que haya más corrupción que en la época de la burbuja inmobiliaria (aunque la mayoría de los casos que están floreciendo son de esta época) o en décadas anteriores, sino que ahora en nivel de aguante ha cambiado, por un lado, y se conocen más casos, por otro. El listón de tolerancia ante la desvergüenza ha descendido de forma sustancial y, en plena crisis, ya es difícil encontrar a alguien que diga eso que se escuchaba algunas veces de “roba, pero hace algo”, aunque en ocasiones parezcamos  demasiado indulgentes con los corruptos, tragando más de la cuenta cuando se trata de casos de partidos que consideramos “de los nuestros”. De todas formas, es posible que las generalizaciones, como expondré más adelante, nos lleven a un callejón sin salida: ¿podemos desarrollar una democracia sin política?, ¿todos los políticos son corruptos?

Sigamos con los problemas. Es noticia que  la percepción sobre la situación económica se ha modificado: “disminuye en cinco puntos el porcentaje de ciudadanos a quienes preocupa este asunto (el 22% frente al 27% del mes anterior), y también hay un mayor optimismo sobre su evolución”;  no obstante, tampoco está la situación para tirar cohetes.

Es posible que los últimos datos de paro y el crecimiento económico de España suavicen nuestro estado de ánimo, pero el desempleo sigue siendo una amenaza para casi todos los españoles. El miedo a perder un empleo, quien lo tenga, y el miedo a no obtenerlo nunca, quien lo esté buscando, es un mal endémico en este país. Aunque seamos optimistas ante el futuro -quien lo sea-, la sombra del desempleo es alargada.

A los problemas anteriores habría que sumarles otro, que es la clase política. Esto es muy preocupante, como os decía,  porque si en una democracia la política es un problema, habría que intentar definir bien dónde está el obstáculo: ¿son los partidos existentes o es el poder político en sí? ¿Son los políticos en general o algunos en particular pero generalizamos?  Por lo que se puede interpretar, metemos a todos en el mismo saco y, si no somos de proponer muchas alternativas, el odio a la clase política se va volviendo cada vez más sistémico sin que encontremos alternativas saludables.







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