jueves, 16 de noviembre de 2017

Internet y género humano


Internet es una herramienta neutral que, utilizada por cabezas retorcidas, puede convertirse en una auténtica arma de destrucción masiva. Desde piratas que pueden robar y manipular el ordenador de cualquiera, gobiernos que se entrometen en nuestra privacidad o terroristas que utilizan las autopistas de la información para sostener mejor la propaganda de sus ideas, la perversión está a la orden del día, sin obviar los casos de sexting, grooming, ciberacoso y un largo etcétera de prácticas abominables.

Pero hay una noticia que me ha dejado un poco estupefacto o, por lo menos, más de lo normal, porque ya estamos curados de espanto. Se trata de hecho de que pululan por YouTube dibujos animados para niños adulterados por gente sin escrúpulos, en los que se puede ver a personajes bebiendo lejía, muertos, etc. Desde luego, como sociedad tenemos un problema: falta formación y capacidad para gestionar la cantidad ingente de información que existe en la red. Y faltan filtros y capacidad crítica en una población que se cree que dejando a los niños solos ante un móvil ya se crían solos. Y sobra mala leche por parte de quien hace esto.

Como bien indica Enrique Dans, “Sin embargo, el verdadero análisis, para mí, es todavía más desasosegante: indudablemente, internet tiene un problema. La combinación de factores como el desarrollo sin límites de la economía de la atención, los algoritmos que premian el sensacionalismo o el contenido más impactante, las posibilidades de anonimato o de trazabilidad compleja y otra serie de características de la red han dado lugar a un sistema en el que constantemente nos sorprendemos encontrando cosas que, si hacemos caso a la gran mayoría de observadores, no deberían estar ahí. Pero en realidad, el verdadero problema no está en internet: está en la naturaleza humana.”

Claro que el problema, como bien indica Dans, está en la naturaleza humana, pero la red debe dotarse de mecanismos para reducir el daño de este tipo de contenidos. Las denuncias de la comunidad son muy importantes, pero los que usamos  las redes sociales, ¿estamos siendo conscientes de la envergadura del problema? Si controlo demasiado el contenido, resto espontaneidad y genero censura; si lo dejo todo circular, me encuentro con problemas de odio, viralización del insulto y contenido inapropiado o todo lo que se puede ver cada día.  

Hay otra noticia interesante que, en cierta medida, está relacionado con Internet y el género humano. Sean Parker, uno de los fundadores de Facebook, parece que reniega de su creación. Para él, la red social por antonomasia explota las vulnerabilidades humanas. ¡Vaya novedad! Y es que la cultura generalizada de las personas ha cambiado desde que vemos como nuestras fotos reciben deditos, caras sonrientes y comentarios motivadores. Hemos cambiado nuestra privacidad por un escenario en el que exponemos toda nuestra vida - o la imagen de esta que queremos proyectar- en busca del reconocimiento de nuestros “amigos”. Queremos ser actores de una película y pasar por el photocall cada dos por tres.






1 comentario:

  1. Estoy de acuerdo contigo en que encontrar el equilibrio entre libertad de expresión y censura es complicado. Me inclino más por la primera, acompañada de una formación y educación del internauta, para que sepa qué se va a encontrar y de qué herramientas dispone (las principales, el sentido común y el respeto). Un saludo, Héctor, y gracias de nuevo por artículos siempre tan interesantes.

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