miércoles, 7 de febrero de 2018

Tecnología, crecimiento y futuro


Si partimos del hecho de que la tecnología ha buscado, busca, y buscará la forma para ahorrarnos esfuerzos, sí, destruye trabajo humano. La cuestión es si realmente queremos que así sea, si deseamos ir librando horas de esfuerzo y trabajo repetitivo que realizan las máquinas mucho mejor, para poder desempeñar otras actividades más creativas. O, siendo más pesimistas, si las máquinas adquieren cada vez más competencias que anteriormente eran humanas, ¿sobramos la población en este planeta como productores? Y claro, si no somos productores, será difícil seguir siendo consumidores si no tenemos ingresos. 

Reflexionaba Enrique Dans sobre la tecnología y el empleo en un artículo en su blog. En él planteaba que si nuestro objetivo es mantener el trabajo por mantenerlo, debemos paralizar todo desarrollo tecnológico. No obstante, no parece que eso sea “lo deseable”. ¿Por qué no? Porque estamos obsesionados con un progreso lineal y científico en el que creemos que la innovación nos salvará de muchos problemas. Es la nueva religión, que apareció ya con la revolución industrial y que está llegando su máximo apogeo: la tecnología nos librará de todos los males.  El  crecimiento no puede pararse, y nos encontramos en un mundo, en palabras del sociólogo Anthony Giddens, desbocado.

El historiador Yuval Noah harari, en su interesantísimo libro “Homo Deus”, plantea que el ser humano ha conseguido enfrentarse a sus tres grandes males, el hambre, la peste y la guerra, con un carácter científico, no buscando justificaciones, como en otras épocas, religiosas. Una persona enferma llega al médico y se le chequea buscando un fallo en su organismo, no se le dice que tiene “la muerte acechándole con la guadaña”. En el siglo XIV, cuando la peste asolaba Europa, se la pintaba como un ser maligno, no como una enfermedad que procedía de las pulgas. La ciencia y la tecnología buscan que el ser humano se acerque a lo que en otras épocas solo podían hacer los dioses y sui  miramos hacia atrás, los avances son incontestables. 

Pero entonces, ¿todo desarrollo económico y tecnológico nos acerca a ser divinidades? No, porque no somos capaces de poder analizar con detalle las externalidades de cada progreso. ¿Fue la bomba nuclear un avance? Según Harari la amenaza nuclear ha conseguido una paz internacional que nunca antes se había conseguido pero eso no nos exonera de un desastre cualquier día. El reloj del Juicio Final está como en épocas de la Guerra fría, y a casi nadie le importa. Al potencial holocausto nuclear habría que sumarle los daños del cambio climático. 

Además,  ¿qué pasará cuando la manipulación genética y la biotecnología nos permitan mejorar al ser humano? 

Si nos centramos en el mercado de trabajo, no sólo debemos pararnos en el hecho de que robots androides nos sustituyan. Hay algo también muy preocupante y es el deterioro de las condiciones laborales de amplias capas de la población. Millones de personas no podrán reciclarse y corren el peligro de convertirse en población “superflua” (en palabras de Hanah Arendt). 

¿Qué nos deparará el futuro?



Para profundizar:






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