miércoles, 2 de agosto de 2017

¿Hay trabajo para todo el mundo?


En un interesante artículo de prensa leo el siguiente párrafo:

“La EPA del segundo trimestre publicada ayer (27 de julio de 2017) ha dejado muy buenos titulares. La creación de empleo es fuerte (incluso mayor de lo esperado), y el paro ha bajado de manera contundente. Ya estamos por debajo de los 4 millones de parados y la tasa de paro es “solo” del 17,2%, en niveles de 2009. Estas cifras, que en otros países europeos causarían preocupación y asombro a nosotros nos parecen una buena noticia”.

Es cierto que estamos mejor que hace no muchos unos años, pero los datos sobre el mercado de trabajo en España siempre ocultan una constante preocupante: la temporalidad y un desempleo tanto juvenil como de mayores de 45 años escandaloso. A los  problemas anteriores hay que sumarles el desempleo de larga duración, que castiga demasiado a los mayores de 45 (tal y como se comentó en este foro) y que está excluyendo del mercado de trabajo a miles de personas que tienen muy, pero que muy difícil, volver a incorporarse al ámbito laboral.

Si la tecnología irá sustituyendo a personas que desempeñaban tareas mecánicas y fácilmente automatizables, solo queda la formación como medio para la inserción sociolaboral. Pero, ¿y si no es suficiente? Es una pregunta que los analistas debemos poner encima de la mesa, no vaya a ser que el exceso de optimismo no nos deje ver el bosque. Según podemos seguir leyendo en el artículo que os comentaba, “la ocupación crece para quienes tienen estudios universitarios, con incrementos que varían entre el 2 y 4% con respecto al año anterior. La otra cara de la moneda son caídas más grandes en la ocupación registradas para quienes sólo tienen estudios secundarios o menos”. No podemos permitir que haya gente que no tenga ningún tipo de formación, sobre todo en un mercado laboral tan cambiante y con un nivel de exigencia formativa creciente, es cierto; pero también es necesaria una reflexión sincera sobre le porvenir del trabajo: ¿habrá para todo el mundo o la revolución tecnológica destruirá empleo más rápido de lo que lo crea?

No obstante, hay otra reflexión necesaria. Con cifras de desempleo superiores al 15 y al 20% en determinadas regiones de España, ¿cómo es que no hay un estallido social? ¿Qué porcentaje de economía sumergida mantiene un nivel de supervivencia mínima a muchas familias? ¿Hay datos exactos sobre esto? No se trata de estigmatizar a nadie, sino simplemente de explicar una realidad para poder dar respuesta a los problemas sociales que se nos están planteando.



lunes, 24 de julio de 2017

Tecnología, competencias profesionales y sociedad líquida


Hace unos días tuve la ocasión de leer un genial artículo de Xose Alberte Cea sobre los cambios de nuestro mundo contemporáneo que me ha dejado reflexionando. Una de las ideas principales que plantea en su escrito es lo rápido que se desfasan nuestras competencias profesionales. Los cambios tecnológicos son exponenciales y plantean retos constantes a nuestro aprendizaje.

No obstante, tenemos una ventaja añadida: el ser humano es humano como tal gracias a la cooperación de miles y millones de personas. Tal y como establece Xose, disponemos de “nuestra capacidad para crear redes de cooperación intersubjetivas de carácter global. La red no solo ha cambiado nuestras vidas en lo inmediato. También nos ha dado la posibilidad de multiplicar nuestras cooperaciones. La cooperación es lo que nos ha traído hasta aquí como especie, tal y como dice Yuval Noah Harari.” Y es que, según Harari, vivimos tres dimensiones: subjetiva, objetiva e intersubjetiva. Las patrias, la religión, el dinero… son creencias intersubjetivas que facilitan la creación de redes de cooperación inmensas y que son un elemento puramente humano. ¿Qué pasará cuando la Inteligencia Artificial consiga no solo igualar, sino mejorar las capacidades humanas en ámbitos tan selectos como la creatividad o la imaginación? Quizás este sea un escenario muy pero que muy lejano, pero también es cierto que la biotecnología y los avances en la genética pueden estar acercándonos al fin del Homo Sapiens tal y como lo conocemos. ¿Surgirá una nueva especie?

Este verano he tenido la oportunidad de leer "Homo deus" y "Sapiens", del autor ya mencionado Yuval Noah Harari, aprendiendo mucho de la evolución histórica de nuestra especie. Son dos libros que os recomiendo. No obstante, los cambios constantes en nuestra sociedad, que abarcan no solo el mercado de trabajo, sino que influyen en la forma en la que nos planteamos nuestras relaciones afectivas, de consumo, etc., me recuerdan mucho al término "sociedad líquida" acuñado por Bauman. Si no existe la seguridad, ¿hacia dónde vamos? ¿No estamos viviendo cambios tan acelerados que prácticamente capas inmensas de la población se quedarán fuera del progreso? 

Xose Alberte lo establece en su artículo y yo estoy muy de acuerdo: no podemos evitar la incertidumbre. No es que vivamos tiempos de transición hacia lo desconocido, es que esa sensación de vivir continuamente en un hilo de inseguridad es lo que más caracteriza a las sociedades tecnológicamente avanzadas. Antiguamente, un profesional aprendía algo y lo repetía durante 30 años; en la actualidad eso está desapareciendo a marchas forzadas. La continua evolución y la formación permanente son una necesidad inexorable. La ventaja es que Internet nos está permitiendo conectar con innumerables profesionales de nuestro sector, accediendo así a fuentes inagotables de conocimiento a las que, hasta no hace muchos años, era imposible acceder desde un simple ordenador. En el otro lado de la balanza está nuestra mentalidad. ¿Estamos preparados para la incertidumbre y el cambio constante? O, mejor dicho, ¿aguantará la sociedad lo que esté por venir sin romperse del todo?

Artículos interesantes
https://www.enriquedans.com/2017/07/los-temibles-peligros-de-la-inteligencia-artificial.html

viernes, 21 de julio de 2017

Buscar trabajo con más de 40 años

Fuente: Pixabay
Aunque os digan que la edad es algo mental, que si os cuidáis os podéis mantener eternamente jóvenes  y esas chorradas, resulta que el mercado laboral es tremendamente duro con las personas de más de 55 años. Según leo enla prensa:

“Siete de cada diez parados mayores de 55 años cree que no volverá nunca al mercado laboral. Según una encuesta realizada por la Fundación Adecco a 1.500 desempleados mayores de 55 años, de los que opinan que sí volverán a tener un empleo, el 20% estiman que tardarán un año en colocarse, mientras que solo un 10% consideran que estará trabajando en los próximos 12 meses.”

No es ya solo que tengan más problemas para insertarse, sino que una sociedad que busca de forma enfermiza lo nuevo, lo disruptivo, lo efímero, lo adolescente, parece olvidarse de valores que antaño eran muy cotizados, como la experiencia, la madurez o, simplemente, la lealtad hacia el trabajo bien hecho. Yo, que soy menor de 40 años, no me siento identificado con esa manía reduccionista de llamarnos “millenials”.  Seas menor de 30 o mayor de 55, en ambos colectivos habrá gente extraordinaria y gente insulsa, pero juzgar por la edad me parece un crimen.  Ni un joven es de por sí un crack en tecnología ni un mayor es un inútil al coger un ordenador.
¿Qué hacer ante esta situación? Complicado, porque el problema no es solo con los mayores de 55 años, ¡sino también con los de 40! Según leemos en la prensa, “por primera vez en la historia, de los más de 4,2 millones de parados, más de la mitad tienen más de 40 años”. Además, el 49,3% de estos desempleados mayores de 40 años superan los 24 meses en paro. Un problema mayúsculo con graves consecuencias para nuestra sociedad.

El desempleado mayor de 40 años es, según comenta la noticia, una persona que ha trabajado tradicionalmente en la misma empresa, con un sueldo medianamente en condiciones y que se encuentra en un mercado laboral al que se tiene que enfrentar totalmente desactualizado. Además, hay que sumar la falta de autoestima. Nos preocupamos por la pensión de los jóvenes, pero este colectivo lo tiene muy crudo porque le faltan bastantes años que cotizar todavía.
De nuevo se hace hincapié en la necesidad de formar y reciclar a estos desempleados a través de políticas activas de empleo eficientes y eficaces. Pero, ¿se crea empleo para ellos? ¿Quieren las empresas estos perfiles?
Os pregunto, ¿qué medidas se podían implementar para ayudar a este colectivo?
Recursos interesantes
Plus 40 net es un portal especializado en empleo para mayores de 40 años.  Os animo a echarle un ojo si no lo conocíais.





martes, 18 de julio de 2017

Formación: no se trata de títulos, sino de adquirir competencias


Leo en la prensa que se facilita, incluso suspendiendo alguna asignatura (pueden ser dos, que no sean Lengua  Y Matemáticas), que el alumno obtenga el título de la ESO. No se trata de ayudar a través de refuerzos, es más fácil bajar el nivel para que todos consigan un título que, a la postre, es claramente insuficiente para insertarse en un mercado laboral cada vez más exigente. Es posible que mucha gente a la que prácticamente se le ha regalado la ESO se lleve un chasco cuando quiera cursar otros estudios superiores. ¿Solución? Quizás deberíamos seguir bajando el nivel constantemente. Total, todo está en Internet.

No pretendo criticar medidas exactas de LOMCE, sino el concepto, muy español, de que lo importante es tener el título.

Si en España nos ofrecieran  regalarnos el título universitario o, por ejemplo, el título de inglés B2, muchos verían una oportunidad de oro. En mi caso, vería una trampa mortal. No se trata de títulos, se trata de adquirir unas competencias específicas que nos permitan desarrollar una carrera profesional. Seguimos enrocados en un mundo totalmente desfasado: el que prima la “titulitis”. Si no trabajas, está bien que estudies; incluso trabajando hay que seguir formándose. Pero lo que no podemos hacer es ir sumando “diplomas” sin pensar si nos valdrán.

Estoy algo cansado de ver cómo muchos, yo he estado entre ellos, acumulamos cursos y certificados a tontas y a locas. Antes de formarnos en cualquier academia, instituto o universidad, hemos de preguntarnos por la calidad de esa enseñanza. ¿Va a servirme? ¿Qué aprenderé realmente? Si se baja el nivel constantemente, perdemos todos, que nadie se engañe. Y es que la igualdad de oportunidades es facilitar, mediante becas, apoyo escolar y acceso al conocimiento, que la gente pueda formarse en materias que le servirán en su día a día, tanto como ciudadanos o como profesionales. Pero las cosas cuestan esfuerzo y, como decía, es más barato regalar títulos, lo cual es demasiado cortoplacista, porque luego nos encontramos con un porcentaje enorme de la población, sobre todo desempleados, con poca cualificación.  

En un país con el nivel de desempleo que tenemos, la formación es clave. Pero una formación de calidad con una exigencia bidireccional: exigencia al alumno de que se ponga las pilas y rinda, y exigencia a las instituciones para que fomenten una formación de calidad y adecuada para la inserción laboral. Está muy bien reivindicar derechos, pero también hay que tener deberes y obligaciones para con programas que valen una pasta.


martes, 11 de julio de 2017

Twitter, predicción de altercados y Minority Report


Hace poco leí en la prensa digital un artículo sobre Twittery su relación con la movilización social. Todos sabemos que mucha gente ha salido a la calle y ha tuiteado manifestaciones, reclamos, compartido vídeos sobre las protestas e, incluso, ha utilizado la red social de microblogging para denunciar determinados actos. También Twitter tiene mucho de bar a las cinco de la mañana, donde la educación brilla en muchas ocasiones por su ausencia. Al fin y al cabo, lo que refleja Twitter nos lo podemos encontrar en la calle constantemente.
Como os decía, en ese artículo se comentaba lo siguiente:
“Un nuevo estudio de la Universidad de Cardiff pone de manifiesto cómo, a través del estudio de 1,6 millones de tuits generados tras las protestas de Londres en 2011, se puede valorar cuándo va a suceder una agitación social de este calibre mucho antes de que los cuerpos de seguridad sean conscientes de ello”. Y seguimos leyendo algo aún más interesante: “La investigación utilizó algoritmos que detectaban la frecuencia de los tuits con ciertas palabras, la geolocalización y el momento de ser publicados. A través de ellos, se pudo comprobar cómo los tuits informando de, por ejemplo, contenedores ardiendo se publicaban hasta una hora antes de que la Policía recibiera el aviso y se personase en el lugar.”
Todo esto me sugiere un par de reflexiones:
  • Twitter es un canal de comunicación excesivamente rápido que facilita la movilización y alteración del estado de ánimo de las personas.
  • Es posible que haya gente que se dé más prisa en tuitear un hecho, incluso si fuera delictivo o catastrófico, que en llamar a la policía o a los servicios de emergencia. Por favor, chicos, si veis un incendio, llamad antes a los bomberos; estos no tienen por qué leer los hashtags.

En la sociedad red, primero tuiteo, luego veremos cómo reacciona la gente. No obstante, me parece preocupante esto de la “predicción” de los altercados. Como si fuera MinorityReport, ¿se detendrá a la gente por lo que presumiblemente iba a hacer porque ha retuiteado o manifestado una opinión en Twitter? ¿Se realizarán detenciones preventivas gracias al Big data? Seguramente Snowden tuviera mucho que decir al respecto.

Uno de los grandes caprichos del género humano ha sido predecir el futuro. Todavía hay gente que echa las cartas y lee el horóscopo o, siendo más científicos, otros que hacemos estudios e investigación intentando proyectar comportamientos que nos permitan prever, en cierta manera, lo que puede ocurrir. Quizás Internet facilite la acumulación de información, pero, ¿se podrá saber lo que ocurrirá dentro de cinco años?

martes, 4 de julio de 2017

Sobre el voluntariado como experiencia vital y profesional

Durante año y medio fui voluntario en Cruz Roja, concretamente, en un proyecto que lucha contra la brecha digital y en el que, desde hace unos meses, trabajo como técnico. Llegué al voluntariado desorientado, buscando información para un trabajo de campo que utilizaría para mi trabajo fin de máster. Por si os preguntáis, el máster era de análisis de Problemas Sociales y mi TFM versó sobre la brecha digital en la búsqueda de empleo.

El voluntariado desarrolló en mí, sin buscarlo, dos competencias profesionales que, por entonces, no tuve muy en cuenta pero de las que ahora sí soy consciente:
  • ·         Hablar en público.
  • ·         Trabajar con distintos usuarios cuyas problemáticas son diversas.

 También me permitió conocer contactos profesionales gracias a multitud de charlas que di (esto, más que una competencia, es una consecuencia). Evidentemente, las Soft Skills son las que más se desarrollan con este tipo de actividades, capacidades cada vez más importantes. 

Mi labor como voluntario era ayudar a que las personas adquirieran determinadas competencias relacionadas con las TIC a través de lo que conocemos como acompañamientos (grupos reducidos en los que cada usuario dispone de un dispositivo u ordenador) o  a través de jornadas-charlas (grupos más numerosos). Enseñaba un poco de todo: desde buscar empleo a través de Internet hasta aprender a realizar determinados trámites, ya sea solicitar una vida laboral o conseguir el certificado digital. Trabajar con tantos usuarios, entre dos y cuatro horas a la semana, no me suponía un esfuerzo sobrehumano, y, además, la retroalimentación era fascinante, porque la información que adquiría para mi trabajo era increíble. Asimismo, había otro matiz importante: el agradecimiento de las personas. 

Es posible que en una sociedad donde parece que si no cobramos hasta por ir el váter, el altruismo forme parte de aquellas actividades románticas que todo el mundo rehúye hacer. Es una lástima, porque puede ser muy útil para la vida profesional y personal de cualquiera.

Cuando aprendes a hacer algo que te gusta y te das cuenta de que ayudas a alguien, tomas conciencia de que eres capaz de cambiar, aunque sea levemente, la vida de una persona. Si atiendes a cien usuarios y diez, gracias a ti, encuentran trabajo o resuelven un problema o hacen de su vida un sitio más fácil, ¿no habrán merecido la pena esas dos horas semanales en las que a veces no sabemos qué hacer? En fin, fue mi filosofía, y la sigue siendo. De hecho, parte de la motivación que me lleva a mantener este blog es esa: aportar mi grano de arena para ayudar a gente, de la misma forma que hay personas que me ayudan creando tantísimo contenido que dejan desinteresadamente en la red. Si te apasiona el conocimiento, compartirlo es un acto necesario y muy satisfactorio. A veces, incluso revolucionario.


En ocasiones hablo con gente sobre la falta de experiencia laboral o sobre la falta de formación o sobre la falta de motivación o de misión en la vida. Siempre les aconsejo dos cosas: hacerse un blog y probar con el voluntariado. 

martes, 27 de junio de 2017

Twitter y nuestra configuración de seguridad



No hace mucho os estuve hablando de cómo debemos configurar nuestra configuración de privacidad en Facebook. Hoy quiero centrarme en Twitter, una de mis redes sociales favoritas. La red de microblogging   ha ido implementando con el paso del tiempo nuevas medidas para que podamos gestionar nuestra privacidad de la mejor forma posible.  Veamos algunas: 


En primer lugar, debemos entrar en el menú “Configuración y privacidad”. Tras esto, nos aparecerá una imagen similar a la siguiente:
Como se puede observar, hemos accedido al menú de “Privacidad y seguridad”. He dividido la pantalla en dos partes. Al principio podréis configurar vuestra privacidad atendiendo a los siguientes factores:
  • Proteger mis tweets. Si escogemos esta opción solo los usuarios que decidamos podrán leernos. No es muy común si quieres ser relevante en Twitter, pero puede haber gente que, por motivos relacionados con la seguridad, le interese que no todo el mundo pueda leer lo que escriban. 
  • Añadir ubicación. Si queremos que se sepa dónde nos encontramos cuando se tuitea, hay que elegir está opción. Para mí, no es buena idea que sepan constantemente donde estamos. 
  • Etiquetado de fotos. Al igual que Facebook, podemos controlar quién nos etiqueta en una foto. Se puede elegir que nadie, todos, o solo los que te sigan puedan etiquetarte.
  • Visibilidad. Esta es interesante. Se trata de limitar si pueden encontrarnos con nuestro correo electrónico o por el número de teléfono.




En esta segunda parte que muestro con la imagen superior, lo más importante, desde mi punto de vista, es la posibilidad de controlar quién  puede mandarnos mensajes o no. Yo prefiero limitar esta opción, obligando a que solo los que sigo puedan enviarme mensajes.

 Además, existe la posibilidad de determinar si se quiere que Twitter muestre contenido que, a priori, considere delicado. ¿Qué es delicado según los parámetros de Twitter Pues será mejor que os informéis por vosotros mismos, pero ya os podéis hacer una idea. 

Otro aspecto interesante es saber cuántas aplicaciones se tienen enlazadas a Twitter. Para ello, en el menú de la izquierda debemos hacer clic en Aplicaciones:

En la imagen anterior tenemos algunas aplicaciones enlazadas. En cualquier momento se puede revocar el acceso.  Además, en el ejemplo del recuadro, que obedece a la aplicación de Facebook, se puede visualizar las distintas opciones: publicar los retuits, publicar en el perfil o, si tenemos páginas, publicar en la página de Facebook.

Bueno, creo que, a grandes rasgos, estos son los aspectos básicos que debemos controlar dentro de Twitter, aunque no los únicos. No olvidéis tener una buena contraseña y  activar la opción para que se verifique el inicio de sesión a través del correo electrónico.
 La verificación de inicio de sesión  proporcionará aún más seguridad. Para ello, entramos en “Cuenta”, dentro del menú izquierdo. Una vez verificado nuestro correo, se podrá controlar si alguien que no somos nosotros inicia nuestra sesión en Twitter. 

Enlaces de interés