martes, 3 de septiembre de 2013

Analizando el libro “Los orígenes del totalitarismo”, de Hannah Arendt



(Antes de nada os paso el pequeño vídeo que le he dedicado a esta genial obra en mi canal de YouTube)

Hannah Arendt publicó por primera vez en 1951 su fantástica y extensa obra titulada “Los orígenes del totalitarismo”. Tras la subida de Hitler al poder y el holocausto, contando  también con el gobierno de Stalin en la URSS, la necesidad de explicar el porqué de lo que había pasado se tornaba muy necesario, sobre todo para los científicos sociales. Aunque Arendt habla también del bolchevismo como totalitarismo, es su análisis pormenorizado del nazismo lo que más caracteriza su ensayo. Para profundizar en las raíces del fenómeno nazi -que siempre supuso la incógnita de cómo uno de los pueblos más cultos y civilizados de Europa apoyó en masa ese trágico suceso de nuestra historia-, Arendt divide su libro en tres grandes áreas. A saber:

  • ·         El antisemitismo.
  • ·         El imperialismo.
  • ·         El totalitarismo.

El antisemitismo era algo muy enraizado en determinados círculos europeos. La autora nos habla de la idiosincrasia del pueblo judío como un grupo de gente de carácter internacional, que, sin tener patria común ni país, aprendieron a sobrevivir allá donde estuvieran. A pesar de que los banqueros judíos habían prestado dinero a distintos estados, el auge del antisemitismo nazi se dio cuando este poder era más débil. Aun así, mucha gente identificó a los judíos como una clase que hacía dinero sin ser productiva -algo muy ligado a las finanzas- y, por lo tanto,  de ser el apoyo de los distintos estados a abatir. Mientras que el marxismo planteaba la dialéctica como lucha de clases, la llamada por Arendt “alizanza entre la burguesía y el populacho”, basada en los desheredados y frustrados de la primera guerra mundial y de la crisis de Weimar unidos a la burguesía, canalizaron su odio hacia un enemigo históricamente vilipendiado: el judío. El antisemitismo negaba la lucha de clases y elevaba la lucha racial a elementos místicos.



En la sección titulada “Imperialismo” se destaca un elemento importante: el desastre humano que conllevó la expansión de las potencias occidentales hacia otros países. El genocidio del colonialismo, provocado por una necesidad de expansión de las empresas del primer mundo -con excedente de mano de obra y capital que le era inherente-, necesitaba una ideología que lo justificara de cara al exterior. El racismo se construyó como algo necesario para justificar el genocidio. Si  unimos ese carácter ideológico al anterior antisemitismo, tenemos dos rasgos muy básicos y característicos de lo que fueron los fascismos.


El imperialismo en sí se basa en la expansión como objetivo político dominante, y surge fundamentalmente cuando “la clase dominante en la producción capitalista se alzó contra las limitaciones nacionales a su expansión económica”. Este hecho pone de relieve uno de los axiomas más importantes del pensamiento de la burguesía: la política como elemento indispensable para conseguir sus objetivos económicos. Para ella, la política es algo inseparable del ejercicio del poder o, como dice Arendt, “fueron los primeros que, como clase y apoyados en su experiencia cotidiana, afirmaron que el poder es la esencia de toda estructura política”. El imperialismo se tornaba como un intento de expandir el poder político sin “la fundación de un cuerpo político”.


Según “las normas burguesas, aquellos que son completamente desafortunados y los que son derrotados son automáticamente eliminados de la competición que es la vida de la sociedad”. Esos “sobrantes”, o gente superflua, es el grupo principal que se aglutinó alrededor del totalitarismo. La guerra de todos contra todos, expuesta con nitidez en el pensamiento político de Hobbes, se convertía en un aliado ideológico para el imperialismo. Si toda persona tiene sed de poder, solo un estado absolutista puede mantener la paz. Este estado de guerra permanente, de violencia permanente, de excepción permanente,  se convierte en el mejor escenario para los movimientos de masas totalitarios.


La filósofa alemana establecerá -cambiando levemente  el concepto acuñado por  Lenin- que el imperialismo “debe ser considerado como primera fase de la dominación política de la burguesía más que como la fase  superior del capitalismo”. Aunque también establece que fue el miedo al colapso económico, debido a las limitaciones del capitalismo nacional, lo que llevó a la burguesía a buscar nuevos mercados.  Pero la búsqueda de nuevos mercados se llevó a cabo por fases: en primer lugar debía salir el capital sobrante, que fue lo primero que se exportó. Los propietarios de este capital superfluo eran los primeros en querer ganar dinero sin capitanear ninguna función social. 

Dicho capital  unido a aquellos “desechos humanos” que provoca toda crisis se sumó, y “comenzó su sorprendente carrera produciendo los bienes más superfluos e irreales”.

Esa alianza entre el populacho y el capital era algo impensable para el análisis marxista. Para Marx, la lucha de clases era el motor de la historia. Las masas debían de oponerse a sus opresores, así que ese matiz del imperialismo de dividir el mundo en razas superiores en inferiores y sus ansias de dominar el mundo, uniendo así al populacho, fueron en principio ignorados. Hannah Arendt definirá al populacho como aquel grupo de personas que “no podía ser identificado con la creciente clase trabajadora industrial y, desde luego, no con el pueblo en su conjunto, sino que estaba compuesto realmente por los desechos de todas las clases”. No sólo desecho, sino que “también el subproducto de la sociedad burguesa, directamente originado por ésta y por ello nunca completamente separable de ella".


En el libro hay un párrafo que es, sin duda, uno de los que más me ha interesado. Cito textualmente (pág. 255): “porque una ideología difiere de una simple opinión en que afirma poseer, o bien la clave de la historia, o bien la solución de todos los enigmas del universo o el íntimo conocimiento de las leyes universales ocultas que, se supone, gobiernan a la naturaleza o al hombre. Pocas ideologías han ganado la suficiente importancia como para sobrevivir a la dura lucha competitiva de la persuasión y sólo dos han llegado a la cima y han derrotado esencialmente a las demás: las ideologías que interpretan a la historia como una lucha económica de clases y la que interpreta a la historia como una lucha natural de razas”. La ideología, por tanto, surge como arma política, no como elemento puramente teórico.



Para seguir entendiendo el imperialismo, hay que comentar la existencia de los llamados panmovimientos, los nacionalismos y los  tribalismos. Los panmovimientos -en los que el pangermanismo se encontraría situado- predicaban el origen divino del propio pueblo contra la esencia judeo-cristiana del origen divino del hombre. Por lo tanto, despreciará al individualismo liberal y, por extensión, el ideal de humanidad y de dignidad del hombre.



En “Totalitarismo”, Hannah Arendt sigue estudiando el fenómeno del totalitarismo, esta vez como movimiento social. Para la autora, tanto Hitler como Stalin pudieron llevar a cabo su programa de gobierno, debido, entre otras circunstancias, al apoyo de las masas. Los movimientos totalitarios lo que pretenden es organizar a las masas, no a las clases sociales. Pero estos movimientos totalitarios movilizaban, sobre todo a través de la afiliación, a personas aparentemente “despolitizadas”, personas que, anteriormente, no pertenecían a ningún partido. Como dice Arendt, los movimientos totalitarios rompieron dos espejismos de los países gobernados democráticamente (pág. 439):

  • ·         Creer que el pueblo en su mayoría había tomado una parte activa en el gobierno y que cada individuo simpatizaba con su propio partido o con el otro. Al contrario, los movimientos mostraron que las masas políticamente neutrales e indiferentes podían ser fácilmente mayoría.

  • ·         El segundo consistía en suponer que estas masas políticamente indiferentes no importaban, que eran verdaderamente neutrales y no constituían más que un fondo indiferenciado de la vida política de la nación.

A la utilización del terror por parte de los gobiernos totalitarios hay que sumar la abnegación de los ciudadanos, un sentimiento que los llevaba a considerarse como seres ínfimos y prescindibles. Esta psicología pasó de ser algo puramente individual a convertirse en un fenómeno de masas. Por lo tanto, la represión y el terror no necesitaban responder a ningún argumento racional, como, por ejemplo, asesinar a la oposición y a los enemigos del pueblo, simplemente la arbitrariedad en la utilización de los asesinatos por parte del poder hacía que cada individuo temiera cualquier respuesta, paralizándose, por un lado, o convirtiéndose en verdugo, por otro.


Es el aislamiento lo que caracteriza al hombre-masa, y la familia totalitaria del partido es la que le da cobijo. Como establece la autora, “el primitivo partido de Hitler, casi exclusivamente integrado por desgraciados, fracasados y aventureros, representaba, desde luego, a los bohemios armados, que eran sólo el reverso de la sociedad burguesa” (pág. 446).

Para ir concluyendo esta extensa entrada sobre la obra de Hannah Arendt, me interesa hacer hincapié en el concepto de dominación. El verdadero objetivo del totalitarismo no es solamente gobernar, sino dominar cada aspecto de la vida de los individuos, eliminando así su libertad y su espontaneidad. 

Para ello, sumará al estado y a su maquinaria policial todo el efecto de la ideología y de la propaganda, creando así una estructura basada -tal y como comentaba antes- en el terror. Quizás sea esto, el terror y la dominación, lo que caracteriza más a la experiencia totalitaria que presidió el siglo XX que cualquier otra característica. No se trataba de eliminar físicamente a humanos, se trataba de eliminar “su espíritu”.

Como bien se dice en el libro Arendt (pág. 593), “lo que el sentido común y la gente normal se niega a creer es que todo es posible”. Aprendamos  de la historia para no repetirla.

8 comentarios:

  1. Fabuloso resumen de una de las obras clásicas para comprender el fenómeno del totalitarismo. ¡Gracias!

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  2. Muchas gracias por el comentario, José Luis. Un saludo.

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  3. Muchas gracias! Muy útil. Uno queda con ganas de leer la obra completa.

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  4. Muchas gracias, Aladeen por el comentario. Un saludo.

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  5. Excelente análisis para la comprensión de esta gran obra. Gracias.

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  6. Estoy leyéndola y es absorbente y terrible a partes iguales. Lo que no entiendo, y no se si desvela en lo que me queda de la parte del totalitarismo aun, es que interés puede tener un líder político en un dominio de este tipo a no ser que sea algo patológico. Y si es así que lleva a una sociedad a permitir sobre si misma un régimen tan enfermo. Hay algo malo, malvado, en todo esto.

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  7. me gusto y comprendí mejor esta obra gracias

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