miércoles, 11 de septiembre de 2013

¿Con menos tipos de contratos, más empleo?


¿Simplificar el número de contratos terminaría con el desempleo? Lo dudo, aunque siempre que algo deja de ser complejo tiende a solucionar muchos problemas. El de la falta de  actividad económica no precisamente, pero nunca se sabe. A pesar de que se dice que existen cuarenta tipos de contratos, son cinco las áreas en las que realmente se divide la contratación, según la normativa -tal y como expuse en su día en este blog- , y que traigo hoy de nuevo a colación:
  •     Indefinidos
  •     Formativos
  •     De duración determinada
  •     Para personas con discapacidad
  •     Otros


Todos los contratos derivan de la anterior clasificación pero, con la cuestión de las bonificaciones y otras características, el laberinto se puede hacer imposible de transitar.
Según leo, el gobierno pretende establecer cinco tipos de contratos: indefinido, temporal, de relevo, de prácticas y contrato de formación y aprendizaje. Lo que no sabemos es si estos contratos, a su vez, abrirán nuevas posibilidades de bonificación y, por lo tanto, de contratación según la edad, el sexo u otras variables, tal  y como existen ahora.

El mercado laboral español siempre ha tenido una dicotomía fundamental: la gran división entre contratos indefinidos con amplia protección y derechos adquiridos,  por un lado, y los trabajadores temporales -con gran precariedad-, por otro. Lo que pretende el contrato único es que la indemnización sea creciente con el tiempo, siendo todos los contratos a priori indefinidos. 

Pero, ¿realmente terminará esto con la temporalidad? Seguramente no; mientras nuestra economía siga dependiendo del turismo y de otras actividades supeditadas a existir sólo en determinadas épocas del año, la permanencia en un puesto de trabajo más allá de la temporada se torna muy difícil.
Con las distintas reformas laborales, la indemnización por despido ha sido reducida. Por ejemplo, para un trabajador indefinido despedido de forma improcedente, la cuantía de la indemnización ascendía a 45 días por año trabajado. Ahora, tras los cambios, es de 33 días. Aun así, el número de indefinidos no ha aumentado; el de temporales, sí.

A pesar de las bonificaciones, en general, y de los contratos bonificados indefinidos dirigidos a emprendedores, en particular, la dualidad se está eliminando, sí, pero porque los empleos precarios temporales aumentan más que los indefinidos.  

Es cierto que las fluctuaciones del mercado hacen muy difícil prever cuantos trabajadores necesitas y cuánta producción debes afrontar. Pero la cantidad de personas que sufren jornadas de trabajo maratonianas por poco sueldo saben que trabajo hay (sólo hay que ver la cantidad de horas extras que se echan en España). La falta de crédito y el miedo a que la economía siga a peor, unidos a la picaresca y al aprovechamiento de las circunstancias para pagar poco por el trabajo asalariado y despedirlo a la primera de cambio, también son factores que dificultan bastante salir de la situación económica que vivimos.

Mientras no haya crecimiento no habrá posibilidades de creación de empleo. De la misma forma que mientras no nos planteemos un reparto del trabajo, tampoco saldremos del agujero del desempleo. ¿Tiene lógica no reducir la jornada laboral en esta época de cambios tecnológicos?, me pregunto. Pero, entre tanto, hay gente que considera que cambiando una serie de papeles se terminará con un mal endémico en España. No sé, habrá que verlo.


2 comentarios:

  1. Otro problema a solucionar es el inherente al concepto trabajo. Si cada vez hay mas población, y cada vez la tecnología reduce la gente necesaria en ciertos trabajos, se creauna inmensa bolsa de gente desocupada.
    En los 60 se decía que en el futuro, gracias a las maquinas tensriamos más tiempo para el ocio. Lo que no dijeron era que ese tiempo bo lo pagarían...

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  2. Gracias por comentario, Miguel Ángel. Es cierto, la creación y el reparto del trabajo es el gran reto del futuro.
    Un saludo.

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