jueves, 20 de marzo de 2014

Los conflictos entre los estados también están en la Red: vigilancia y ciberataques


File:Leviathan by Thomas Hobbes.jpg
Fuente de la imagen: Wikipedia

El conflicto que vive Ucrania con Rusia no sólo es cuestión de tanques y frenetismo diplomático, también  llega a Internet, la gran red que todo lo ve. Leo en El diario.es que: “Las autoridades ucranianas han denunciado ciberataques a sus sistemas y todas las miradas apuntan hacia Rusia, aunque la responsabilidad estatal no está clara. Los ciberataques se han convertido en una medida de presión que hoy ya incide en las relaciones entre países”.

La comunicación es fundamental y en tiempos de guerra, más. Controlar la propaganda, la información que tiene el enemigo o la que trasciende por parte de un país a potencias extranjeras ha sido una constante en toda guerra y la política exterior, aunque parezca que no, siempre tiene en mente la guerra. Cuánto daño le hizo a EEUU Snowden, aunque todos sospechábamos que, en su mayor parte, el espionaje circula a la velocidad de la luz por todos los rincones del ciberespacio.
Seguimos con la noticia: “el Servicio de Seguridad del país ha denunciado que los soldados rusos han tomado el control de las telecomunicaciones en Crimea, particularmente las instalaciones de la operadora Ukrtelecom. En ellas habrían instalado equipos para bloquear e intervenir teléfonos pertenecientes a miembros del gobierno y del parlamento ucraniano”.
 
Aunque no está claro que Rusia haya lanzado un ciberataque -a priori muy controlado-, parece ser que la idea es intervenir un segmento muy limitado pero importante de información: ámbitos de seguridad,  los correos electrónicos de los parlamentarios y a la agencia de noticias.

La información es poder. Permite, primero, controlar lo que, en base a ésta, piensa la opinión pública; de ahí que la propaganda haya sido una herramienta muy útil por parte de los estados o grupos de presión. En segundo lugar, la información, si es buena, puede permitir anticiparte a los movimientos de tu adversario, sabiendo cuál sería el próximo movimiento de un enemigo real. En fin, información, información y más información y, si por algo se caracteriza Internet, y cada vez más, es por tener un volumen sin parangón de información  no sólo de todos nosotros, sino de personajes con cierta repercusión a nivel de poder.

No pensemos que esto es cuestión de Dictadura vs. Democracia; en todo caso, en una democracia dominada por el estado de derecho hay que exigir más transparencia y mayor respeto por los derechos civiles. Otra cosa es que se consiga.
¿Cómo se justifican el espionaje o  los ciberataques? Pues en nombre de la diosa seguridad. En el Parlamento Europeo, la“Comisión de Libertades Civiles, Justicia e Interior” ha presentado un informe  sobre los programas de espionaje masivo de las agencias de espionaje norteamericana (NSA) y británica (GCHQ).  El ponente y autor de este informe, el laborista británico Claude Mores, plantea la dualidad seguridad-libertad como pivote fundamental que sirve de soporte al discurso centrado en el ciberespionaje. Incluso cita a Hobbes en su presentación. 

La opinión de la comisión de libertades civiles  sobre el espionaje masivo en Internet es clara ( cito otro artículo de El diario.es que recoge, a su vez, extractos del informe): “la existencia de sistemas tecnológicamente muy avanzados, complejos y de amplio alcance, diseñados por los servicios de inteligencia de los Estados Unidos y de algunos Estados miembros, para recopilar, almacenar y analizar datos de comunicaciones, incluido el contenido, y datos y metadatos ciudadanos en todo el mundo, a una escala sin precedentes, y de una manera indiscriminada y no basada en sospechas”.

El informe arranca con  unas palabras que me interesa traer aquí (pág. 8): “considerando que la protección de datos y la intimidad son derechos fundamentales; que las medidas de seguridad, incluidas las medidas de lucha contra el terrorismo, deben perseguirse a través del Estado de Derecho y deben estar sujetas a las obligaciones en materia de derechos fundamentales, incluidas las relacionadas con la intimidad y la protección de datos”. O lo que es lo mismo, no hay atajos para luchar contra la inseguridad al margen de la ley. Tiene razón, pero hay otro tipo de razón que no entiende de enmiendas: la razón de estado.

Cuando Julian Assangey los coautores de Cipherpunk   advertían que cada vez que el Estado quiere meterle mano a Internet saca los cuatro jinetes del infoapocalipsis (terrorismo, pornografía infantil, blanqueo de dinero y la guerra a ciertas drogas), no se equivocaban en nada. Que se pilla a EEUU gracias a Snowden en una cuestión de espionaje internacional, pues nada, es que desde el 11 de septiembre hay una guerra y hay que usar todo el armamento, incluido meterse en nuestros móviles. Pero está claro, por lo menos el informe así lo establece, que  el caso desvelado por Snowden ha sembrado cierta inquietud en la UE (por lo menos, debería):

Los derechos fundamentales, en particular la libertad de expresión, de prensa, de pensamiento, de conciencia, de religión y de asociación ,la vida privada la protección de datos, así como el derecho a un recurso efectivo, la presunción de inocencia y el derecho a un juicio justo ya no ser discriminado, consagrados en la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea y en el Convenio Europeo de Derechos Humanos, constituyen piedras angulares de la democracia, y que la vigilancia masiva de seres humanos es incompatible con estas piedras angulares” (pág. 11 del informe).
Y otro elemento también importante:

“la recopilación masiva de datos personales con fines comerciales y en el marco de la lucha contra el terrorismo y los delitos transnacionales graves ponen en peligro los derechos de los ciudadanos de la UE en relación con los datos personales y la intimidad” (pág. 13 del informe).

La privacidad es sagrada, y es evidente que el miedo que surge entre todos nosotros no sea más que la sospecha de que la utilización de la información obtenida mediante espionaje tenga otros motivos ocultos más allá de lo cuatro jinetes aludidos: motivaciones políticas y económicas.
Pero incluso si hablamos de lucha contra el terrorismo, ¿es útil esta forma de acumular  información? Snowden establece “que los Estados Unidos estaban llevando a cabo un programa de vigilancia de masas ilícito cuyo mayor éxito había sido el descubrimiento de un taxista que había transferido 8.500 dólares de Estados Unidos a Somalia en 2007". "Los recursos que podrían haber costeado una investigación real habían sido gastados en monitorizar las llamadas de cualquiera en América”.
En fin, seguiremos hablando de este tema; queda mucho por decir y ver. El debate sigue abierto.


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